La ilusión del cambio desde arriba y la urgencia de la acción directa

La ilusión del cambio desde arriba y la urgencia de la acción directa¹

No es sorprendente, aunque sí profundamente revelador, que los cambios no provendrán de instituciones mayoritariamente controladas por la derecha ni por los autodenominados “progresistas” y “liberales”. Una vez más, estos sectores han dado la espalda a las reformas dirigidas a garantizar derechos fundamentales para la clase trabajadora. Su discurso de igualdad y justicia social se desvanece ante la primera prueba de coherencia, exponiendo su complicidad con el sistema capitalista. Aunque se presenten como aliados de las luchas populares, operan dentro de los márgenes de la democracia burguesa, un sistema diseñado no para emancipar, sino para administrar la opresión.

Como anarcosindicalistas, insistimos en que la democracia burguesa jamás garantizará los derechos plenos de las trabajadoras y trabajadores. Este régimen político, basado en la propiedad privada y la acumulación capitalista, existe para proteger los intereses de las élites económicas. Sus instituciones —congreso, partidos, sistema judicial— son herramientas de control que neutralizan demandas radicales mediante reformas vacías, burocracia y promesas incumplidas. La historia demuestra que incluso los derechos laborales o sociales conquistados son precarios, sujetos a recortes o eliminación cuando la derecha recupera el control del aparato estatal.

Cabe recalcar que la democracia burguesa es un arma de doble filo. Cada vez que la derecha pierde el poder electoral, no se disuelve: se reorganiza, acumula fuerzas y prepara el terreno para recuperarlo. Además, nos impone la falacia de un espectro político donde progresistas e independientes se muestran como alternativa a las élites. Los ejemplos sobran: golpes de Estado “blandos” en América Latina, leyes antisindicales o la criminalización de la protesta social bajo el pretexto de la “estabilidad”. Los sectores progresistas, obsesionados con ganar elecciones y administrar un capitalismo “con rostro humano”, desmovilizan a las bases al confiar en instituciones corruptibles y pactar con los mismos poderes que oprimen a la clase trabajadora. Y cuando la derecha regresa —como inevitablemente lo hace—, utiliza el aparato estatal para descargar su violencia contra quienes desafían su dominio.

Los límites de confiar en el progresismo y la democracia burguesa quedan al descubierto en cada traición: acuerdos con empresarios, respaldo a reformas insustanciales y complicidad ante la represión policial. Por ello, el anarcosindicalismo sostiene que la emancipación no llegará mediante decretos legislativos ni alianzas con los opresores. La verdadera transformación nace de la acción directa, la autoorganización y la solidaridad de clase, construyendo desde debajo de manera horizontal.

Es crucial subrayar que, si bien el gobierno actual convoca al movimiento social y popular a movilizarse, esta participación debe sustentarse en una agenda propia y autónoma. Es imperativo mantener distancia de los intereses que buscan instrumentalizar al movimiento, sobre todo cuando ello ha derivado, en años recientes, en la desmovilización y el debilitamiento de su capacidad organizativa y de acción. La lucha por derechos laborales y sociales no se reduce a reformas legales, sino a la creación de estructuras autónomas —sindicatos combativos, asambleas barriales, redes de apoyo mutuo— que subviertan el poder del Estado y el capital. Solo así se romperá el ciclo perverso donde cada “avance” se convierte en blanco fácil para la reacción derechista.

La lección es clara: depositar esperanzas en la democracia burguesa o en sus representantes progresistas conduce a la derrota. La clase trabajadora no requiere salvadores en el poder, sino herramientas propias para construir su futuro. Frente a la trampa de la institucionalidad, anteponemos la ética de la lucha horizontal, la autonomía y la revolución social. Porque solo fuera de las jaulas del capitalismo y su democracia ficticia emerge el horizonte de una sociedad con justicia e igualdad reales.

¡Contra la traición de los de arriba, autogestión y lucha directa!

¡Por un movimiento popular, barrial y sindical capaz de trascender coyunturas!


Juan A. Rozo.

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1. La Colectividad, “¿Qué es la Acción Directa?”, Regeneración Libertaria, 28 de enero de 2014, [https://www.regeneracionlibertaria.org/2014/01/28/que-es-la-accion-directa/](https://www.regeneracionlibertaria.org/2014/01/28/que-es-la-accion-directa/).




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